PRÁCTICA II: La mirada del otro (enmascarado) #INVTICUA23
En casa no había muchos libros cuando mis hermanas y yo éramos pequeños. Sin embargo, sí que recuerdo que mi madre nos leía a menudo un libro de cuentos titulado “El arte de contar cuentos” de Sara C. Bryant. De todas las historias, recuerdo dos en especial: El cuento de Ratapón y El chacalito listo y el viejo cocodrilo. Me encantaban esos dos cuentos. Después, vinieron los tomos de Walt Disney, Bruguera (Zipi y Zape, Botones Sacarino, Mortadelo, etc.), novelas ilustradas, comics de Conan el Bárbaro, Thor, Spiderman... y algún libro más serio del tipo “La isla del tesoro”. En la adolescencia no leí nada o casi nada, puede que algo de Lovecraft y poco más. Y entonces, no sé muy bien cómo empezaron a interesarme algunos escritores Malditos como Rimbaud, Baudelaire, Lautremont, etc. A partir de ahí empecé a devorar libros, sobre todo los clásicos grecolatinos -tenía que recuperar el tiempo perdido-, y después las grandes obras de la literatura universal. Ya duran...